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Brexit: el aislamiento como respuesta

Hace una semana, el 24 de junio, quedé en shock al recibir la noticia: el Reino Unido decidió retirarse de la Unión Europea, aunque la mayoría, que votó por el "Leave", alcanzó menos del 52%. Dado que en estas latitudes el tema suena poco trascendente, siento que es necesario explicar por qué nos ha afectado tanto a nivel político, económico y emocional.

Yo soy europea. Diría que soy más europea que alemana. En los últimos años, al salir de mi país, viajar, estudiar y trabajar en el extranjero, me convencí de que son más las cosas que los europeos tenemos en común, que las diferencias que nos dividen. Mi maestría de “Ciencias de Paz y Conflicto” es producto de un convenio entre la Universidad de Marburg, en Alemania, y la de Kent, en Inglaterra. Así, he concluido mi primer año en una universidad inglesa que celebra la interculturalidad, y entiende cuán importante resulta el intercambio con otros países, culturas y experiencias. Si aprendí tanto en este año, fue porque mis profesores eran de diferentes países y han colaborado con académicos internacionales, y porque mis compañeros provienen de diversos rincones del mundo con visiones, historias y experiencias distintas a las mías. Para la maestría de “Ciencias de Paz y Conflicto”, este intercambio resulta imprescindible. Con el Brexit, el futuro de este programa obviamente está en peligro, no por falta de voluntad de las universidades, sino por la incertidumbre sobre su financiamiento y la aparición de nuevos trámites burocráticos.

Aunque los cambios todavía son casi imperceptibles, existen factores más visibles, como la pérdida de valor de la libra, que pueden resultar fatales y empeorar con cada día que pase. La salida del Reino Unido tendrá más consecuencias de las que podemos prever o imaginar. Las más tangibles serán de tipo político, económico, social y económico, afectando, además, la movilización intraeuropea (1). Del mismo modo, la incertidumbre sobre el futuro afectará la inversión, dado que los capitales no considerarán al Reino Unido hasta que haya claridad sobre el tipo de relaciones económicas que habrá entre la UE y el resto del mundo. Un ejemplo claro de ello, es el caso de los EEUU, que tiene convenios con la UE, y no con cada país.

Aunque el gran temor era que ahora la UE se fragmente, parece que, más bien, el Reino Unido se está derrumbando. No cuenta con un líder, y no sabe quién será el sucesor de David Cameron, ya que los promotores de la campaña “Leave” están renunciando sucesivamente. Ya no tienen prisa por empezar las inevitables negociaciones con la Unión Europea sobre las condiciones de la salida y la futura relación con ella. La esperanza de tener una relación privilegiada quedó descartada cuando las cabezas europeas anunciaron, de manera clara e inequívoca, que el Brexit no será un proceso de elección libre, sino de negociación dura. Es claro que el proceso administrativo de Brexit no se “ganará” con argumentos superficiales y un pobre conocimiento de los vínculos políticos, económicos y sociales que existen. Al final, queda claro que nadie ganará en este proceso.

El Brexit ha evidenciado una enorme división en el pueblo del Reino Unido e, incluso, se está pensando en impulsar un nuevo referéndum de independencia. Escocia y Londres votaron en su mayoría por permanecer en la UE. Del mismo modo, la mayor parte de la población católica de Irlanda del Norte votó por quedarse. Pero lo más importante, es que el 75% de los jóvenes no querían salir, pues prefieren vivir en una Europa unida, que les brinda una gran cantidad de ventajas, como poder viajar sin restricciones, estudiar en el extranjero, gracias a los numerosos convenios, intercambios y becas existentes, o acceder a un trabajo sin tener que realizar excesivos papeleos.

Estos jóvenes, que ven en la UE una gran oportunidad y no una restricción, están decepcionados y enfadados con las generaciones mayores que votaron por salir. Sienten que su futuro fue decidido por personas que se beneficiaron de la UE durante las últimas décadas y que no supieron reconocer todas las implicaciones de la separación. Esos jóvenes serán los más afectados el Brexit en las próximas décadas, pues vivirán en un país aislado del mercado europeo, que tiene contratos favorables con los EEUU y China.

Sin embargo, culpar a los mayores es demasiado sencillo. El Brexit no es sólo el resultado del voto de los viejitos que añoran un pasado romantizado, en el que el Reino Unido no necesitaba a la UE para ser fuerte y poderoso; una época en la que el Imperio Británico podía invadir cualquier país, sometiendo pueblos, culturas e idiomas, y celebrarlo como el triunfo de una raza superior. Este resultado tiene sus raíces en una actitud racista y xenofóbica contra los extranjeros, tanto europeos como internacionales, que fue celebrado y normalizado por la denominada campaña “Leave”. Debido a su larga historia de inmigración mundial, Inglaterra cuenta con una sociedad multicultural de la cual podemos aprender mucho. Sin embargo, durante esta campaña se mostró más vinculada a actitudes nacionalistas que sus contrapartes de Escocia e Irlanda del Norte. La campaña en favor del Brexit fue liderada por el odio y el temor, tocando fibras muy sensibles. Días después del referéndum, los ataques verbales y físicos contra los extranjeros se incrementaron significativamente. En retrospectiva, el voto estuvo demasiado cargado de emociones, lo cual resultó fatal para una decisión tan importante, y sobre un tema tan complejo. Así también surge la pregunta: ¿decisiones tan complejas deberían ser sometidas a referéndum? (2).

Sin embargo, el Reino Unido no es un caso aislado. Los partidos populistas de extrema derecha están en auge en todo Europa: La FN en Francia, la AFD en Alemania, el presidente Víctor Orban en Hungría, la FPÖ en Austria, Geert Wilders en los Países Bajos y el DPP en Dinamarca, sólo por mencionar algunos casos. El paisaje político europeo está muy polarizado, y en la última elección presidencial en Austria, se hizo evidente que la población austriaca está tan dividida como la inglesa.

Tengo que preguntarme si no hemos aprendido de nuestra historia. Hace 70 años, nuestros abuelos estaban todavía viviendo el espanto de una guerra promovida por el nacionalismo y el racismo. La respuesta a este horror no fue el aislamiento, sino, todo lo contrario. La UE fue fundada porque estábamos convencidos -y felizmente, la mayoría todavía lo estamos- de que la paz es más que la ausencia de violencia, y que sólo se puede lograr una paz sostenible con relaciones más estrechas en todos los ámbitos. A pesar de ello, esa experiencia que es parte de nuestra identidad y de la memoria colectiva, no impidió que eventos recientes, como los ataques terroristas y el flujo de inmigrantes de Siria, -provocada, en gran medida, por nuestra participación en conflictos bélicos-, generaran el fuerte deseo de cerrar fronteras.

Sentí mucha tristeza al reconocer que el país donde fui adoptada con mucho cariño, y me sentía como en casa, decidió aislarse del resto de Europa. Espero que el Brexit impulse a la UE a reconocer, y a asumir de manera constructiva, su responsabilidad para con el pueblo europeo y las preocupaciones de sus ciudadanos reduciendo los procesos burocráticos. Espero que el Brexit sea un grito de alerta para los jóvenes europeos, pues, si no se comprometen y se movilizan como generación, su futuro será dibujado por otras manos. Espero que el Brexit sea una señal de alarma para que todos y todas entendamos que la respuesta al miedo, la inseguridad y el descontento no es el aislamiento, sino un diálogo constructivo que pueda generar soluciones concertadas y sostenibles.

(1) Dado que el Reino Unido nunca ha formado parte del área Schengen, supongo que la inmigración de países fuera de Europa van a confrontar las mismas regulaciones estrictas. Irónicamente, el primer artículo peruano que encontré sobre el Brexit, en uno de los periódicos más grandes y más leídos en el Perú, fue justamente sobre su influencia las regulaciones de visa para los peruanos.
(2) La decisión de realizar el referéndum fue adoptada por el ex premier David Cameron por miedo a perder la última elección.