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La oportunidad de un tercero

Una luz al final del túnel parece estar abriéndose para buscar el diálogo en el Valle del Tambo. Una carta suscrita por los cuatro alcaldes de la provincia de Islay, fue dirigida a la Defensoría del Pueblo el pasado dos de mayo, solicitando su mediación para concretar un encuentro con el Poder Ejecutivo.

En esa carta, se solicitó la presencia de un tercero imparcial para mediar el conflicto, y voces como la del padre Gastón Garatea no se dejaron esperar, manifestando su disposición a participar. Como es natural cuando el conflicto se encuentra en una etapa de alta polarización, la incredulidad también se dejó oír, minimizando el rol de los terceros, e indicando que su presencia solo serviría para dilatar las cosas, disimular la intransigencia de los actores e imponer temas de demanda. Ante esta confusión al respecto de la presencia del tercero en una situación de conflicto, en esta nota queremos brindar un aporte desde un punto de vista técnico, y resaltar ciertos aspectos básicos.

Complementando lo mencionado por los alcaldes de Islay en su misiva, es importante resaltar que en la primera reunión se deberían fijar las reglas, establecer quiénes deben participar, y delinear cuál será la metodología y la agenda de la mesa de diálogo. Ciertamente, para que el diálogo fluya, se necesita planificación previa y un nivel de consenso entre las partes.

Entre los aspectos que se deben consensuar previamente destacan los actores participaran en el espacio, los objetivos, los principios, las reglas, los roles, el manejo de la información, la toma de decisiones, la agenda, entre otros puntos. En este punto los terceros (facilitadores o mediadores) pueden ayudar a que las partes se pongan de acuerdo previamente sobre cómo se organizará el proceso, el desarrollo del mismo y el rol de cada actor. Tengamos en cuenta que un conflicto que se encuentra en etapa de crisis, con escaladas de violencia, la comunicación directa se ha visto deteriorada y si deseamos que el diálogo sea fructífero, se necesita un tercero que planifique y procure las condiciones necesarias para que el encuentro se pueda desarrollar y el diálogo pueda fluir. Sin este esfuerzo previo, todo será en vano, y el encuentro puede convertirse fácilmente en otro espacio para la confrontación.

Es necesario que los actores del conflicto aprovechen esta oportunidad de convocar a un tercero válido y reconocido por las partes, que pueda buscar el acercamiento y canalizar adecuadamente las demandas de todos y todas. Además, es indispensable que reconozcan que el diálogo es un proceso y requiere la total voluntad de los actores. Resulta perjudicial que, a priori, desde otras esquinas se empiece a desdeñar esta iniciativa que se abre como oportunidad para una salida dialogada.

Finalmente, sería oportuno que el mediador elegido pueda contar con un equipo técnico de terceros que, liderados por él, puedan brindar mayor soporte a un proceso que, por definición, será complejo. En Arequipa se cuenta con actores de la sociedad civil comprometidos con el diálogo, a los cuales se puede recurrir para ayudar a encaminar a las partes en una mesa. Igualmente, es necesario seguir afianzando el apoyo a la gobernadora regional en su papel de tercero convocante, que ha desempeñado hasta la fecha con resultados positivos. Consideramos que las condiciones se están dando, y se cuenta con recursos humanos para buscar una salida dialogada al conflicto.