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Los hilos de la madeja: Visión de la conflictividad social en el Perú actual

Por Rolando Luque Mogrovejo // 

Todas las realidades son cambiantes, pero hay algunas que parecen vivir sumidas en lo impredecible. En el Perú nunca estamos seguros si el poder que dejamos la noche anterior será el mismo al día siguiente. Vivimos en un país de consensos frágiles, expuesto siempre a un cortoplacismo hecho de conveniencias personales y pereza intelectual. Las mejoras económicas de los últimos tres lustros no han alentado transformaciones institucionales relevantes. La gente tiene más dinero en el bolsillo, pero ¿más personas respetan las reglas de convivencia?, ¿más funcionarios, y políticos, y empresarios tienen límites éticos infranqueables?, ¿más instituciones están guiadas por la idea del servicio público?, ¿estamos efectivamente controlando el poder, o la democracia tiene un subsuelo de acceso restringido, hilos invisibles y puertas giratorias que los ciudadanos ignoran o no saben cómo hacerles frente?

La estabilidad de los países depende de la amplitud de los consensos que se forjen en torno al respeto a reglas básicas. Un consenso que se exprese de manera inobjetable en la conducta política, en la gestión pública, en los planes empresariales, en los deberes ciudadanos. Todo esto, claro está, requiere una visión del Perú que vaya más allá del tiempo de vida de un presidente, de un ministro, un gobernador o un alcalde. Hay que insertarse en la Historia del Perú para ensanchar la mirada y el horizonte.

Si –como vemos- todo se puede desacomodar en cuestión de horas ¿cuál es ese enfoque que nos permita entender dinámicas veloces, diversas e inciertas? Creo que entender el Perú desde la conflictividad social y sus múltiples impactos en los derechos, la gobernabilidad, el desarrollo, la cultura de diálogo y paz, es una forma compleja pero indispensable de proceder. Un conflicto social no es solo ese factor de perturbación que molesta al gobernante y amenaza su imagen, es un resumen de los males históricos del Perú que conviene descifrar desde la perspectiva de estos tiempos. Todo reduccionismo es una trampa.

En estas líneas trataré de dejar patente el carácter de un conflicto social, sus vastas implicancias, las limitaciones para abordarlo y algunas pistas que pueden servir para organizar la respuesta del Estado e hilar fino en una realidad un tanto desmadejada.

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