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Descalificar y deshumanizar: una ruta a la violencia

Las palabras, además de comunicar un mensaje, ejercen un poder: el de influir, persuadir, atemorizar y amedrentar. En una situación de conflicto en escalada, cuando los actores dejan de lado la comunicación argumentativa y pasan a la utilización de adjetivos descalificativos, estamos ante un indicador claro de que el conflicto va en ascenso a su etapa más crítica: la violencia.

Al recurrir a este tipo de lenguaje, donde priman los adjetivos, se deshumaniza a los actores del conflicto, se desconoce su condición de ciudadanos con deberes y derechos y se pretende deslegitimar o satanizar sus acciones, cerrando la posibilidad de abordar los temas de fondo, para entrar en una lógica donde los actores se atrincheran en sus posiciones. En este punto, la razón y los argumentos pierden importancia, y las emociones ejercen su dominio.

En este momento, esto parece estar sucediendo en el conflicto en torno al proyecto Tía María. Los adjetivos empiezan desplegarse, y en lugar de recurrir al análisis, la explicación y la comprensión de las complejidades del tema, se pasa a la diatriba y a la descalificación que deshumaniza. Por ejemplo, ya no estamos frente a un actor con determinadas necesidades, intereses, percepciones y expectativas. Estamos frente a un "antiminero", un "terrorista", un "fracasado". ¿Resulta útil este giro en el abordaje del conflicto? No. En lo absoluto. Más bien, nos regresiona a una situación posicional.

El caso de Tía María es un conflicto que se encuentra en su etapa de crisis y violencia, y por ello, debe ser abordado por dos vías: lo técnico y lo dialógico. Lo técnico, que es el sustento del EIA, implica que se cumpla con la formalidad que le exige la autoridad competente; y la vía dialógica, que complementa la explicación técnica, debe abordar los temores, las dudas, y los miedos, a través del uso de la palabra que argumenta y la disposición a la escucha de los actores.

Consideremos que la palabra sólo tendrá el efecto deseado, si se logra crear un clima de confianza en el que los actores se dispongan a interpretarlas. Si no se construyen ciertas condiciones previas, todo esfuerzo será en vano.